04 de julio de 2025
La voz de los estudiantes también cuenta
En muchas escuelas, las decisiones sobre inclusión y diversidad se toman desde los equipos directivos, los especialistas o los docentes, pero rara vez se consulta a los estudiantes. Sin embargo, son ellos quienes experimentan cada día las barreras, los gestos excluyentes, los silencios incómodos, o los prejuicios que aún persisten. Ignorar estas vivencias es perder una oportunidad valiosa para comprender cómo se manifiesta la exclusión en lo cotidiano. Son los estudiantes quienes pueden revelar microviolencias normalizadas, prácticas discriminatorias encubiertas o incluso la falta de representación en los contenidos escolares.
Escuchar sus voces no solo es un acto de respeto, sino una fuente legítima de conocimiento pedagógico. La escucha activa permite identificar no solo barreras visibles, sino también aspectos emocionales y subjetivos que afectan profundamente la experiencia escolar. Validar lo que dicen, sin minimizar sus emociones, abre caminos para construir respuestas educativas más justas, pertinentes y sostenibles.
Además, fomentar la participación estudiantil fortalece su sentido de pertenencia, los empodera como agentes de cambio y ayuda a construir entornos educativos más democráticos y justos. Cuando un estudiante se siente escuchado, su autoestima se fortalece, se compromete más con el aprendizaje y contribuye a transformar la cultura escolar. La participación no debe limitarse a espacios formales como consejos estudiantiles, sino extenderse a la planificación, a las decisiones metodológicas, a las formas de evaluar y a la construcción del clima de aula. Solo así la inclusión será realmente vivida, y no solo planificada.
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